LA OPINIÓN PÚBLICA, UNA REALIDAD O MUCHAS?

LA OPINIÓN PÚBLICA, UNA REALIDAD O MUCHAS?

Lucila Reta

La Opinión Pública, una realidad o muchas?

Podemos encontrar a lo largo de la historia, diferentes ideologías, autores y una infinidad de explicaciones acerca del significado y la importancia de los medios de comunicación.

El objetivo principal del siguiente ensayo es analizar este concepto sin dejar de lado a la formación de la opinión pública.

Para ello, se situará el contexto, se intentará definir algunos vocablos, y luego, a modo de reflexión, se responderá a las siguientes preguntas, ¿qué significan hoy los medios de comunicación? ¿Qué nos proponen? ¿Cuál es su finalidad?, etc.

Comenzaremos este ensayo definiendo qué son los medios de comunicación para diferentes autores.

Jürgen Habermas, entiende a los medios de comunicación como los primeros ‘directores de orquesta’ de la construcción del espacio público, el rol de los medios de comunicación es el de dirigir la opinión pública a partir de la opinión privada de los sectores dominantes.

Mc Quail, dice los medios de comunicación se dirigen normalmente a públicos muy amplios, con el consiguiente efecto de transmitir mensajes estándares y estereotipados que, indudablemente, homogeneizan a la sociedad. Este es uno de los aspectos que más destacó en su momento la teoría de la sociedad de masas y que, por mucho que se quiera diferenciar en la actualidad la audiencia y subrayar la acción de los grupos primarios, nuestra sociedad sigue manifestándose como sociedad de masas.

Las comunicaciones masivas son públicas. Más allá de la intencionalidad (dirigida a grupos concretos de la sociedad) que lleven estos mensajes, siempre estarán abiertos a todo el mundo, porque es aquí donde se forma la agenda pública y el espacio público, y donde la opinión pública encuentra su lugar natural de existencia.

Introduciéndonos en la opinión pública, todo el mundo manifiesta tener una idea sobre la opinión pública, desde el hombre común hasta el político que la entiende desde el control y la manipulación.

En algunos casos la opinión pública es un producto de la razón, mientras que, en otros, la racionalización de un impulso colectivo; las opiniones de las elites o de los líderes las que conforman la opinión pública; la expresión de toda la sociedad o la opinión de la clase dominante.

A continuación citaremos a dos autores para hacer una breve referencia sobre su pensamiento respecto la formación de la opinión pública: Noelle Neumann, sostiene, “la opinión pública no es la opinión mayoritaria ni unánime, es ‘control social’, la opinión mejor vista, la que es de buen tono sustentar, la que producirá mayor empatía por el hecho de ser expresada”.

En la teoría crítica, Habermas, entiende la opinión pública en dos etapas:

Una instancia crítica, ideal, formada por ciudadanos particulares, en comunicación racional con los representantes de distintas instituciones, con una posibilidad real de debate público, abierto y democrático. Y una segunda instancia receptiva, manipulada, donde los ciudadanos aislados y particularizados solo puede reaccionar con aclamación ante la notoriedad pública, ya que los miembros de esta solo utilizan una divulgación manipulada del mensaje.

Para la teoría crítica, la función de los medios de comunicación es la de apoyar al capitalismo (venta y masificación) y usar los estereotipos.

En esta teoría la audiencia es nula y consume lo que otros eligen, está manipulada por un sistema que le indica que hacer, qué pensar y qué decir.

En contraposición a estos dos pensadores, el filósofo Walter Lippmann, hace especial referencia a la formación de la opinión pública. Este autor, pensó que la sociedad, mal informada y con una visión parcial, puede ser víctima de impulsos irracionales como la violencia. El periodismo contribuye a construir el consenso mediante la “revolución” que supone para la democracia el papel orientador de los medios masivos, que contribuyen a la defensa de los intereses comunes y a la formación de la identidad nacional. Contrapone el periodismo libre a la propaganda política, porque esa es la forma de acortar las diferencias entre el mundo real y lo que el público percibe del mundo como real. En una sociedad compleja, donde deben tomarse decisiones rápidas y con un alto grado de especialización, la opinión popular no conduce, según Lippmann, a la mejor de las soluciones, por lo que debe ser acompaña o guiada.

A lo largo de estos dos siglos la opinión pública fue contemplada, primero, como objeto de reflexión teórica y, después como objeto de investigación empírica con las repercusiones correspondientes en los planteamientos teóricos y, sobre todo, metodológicos. Esto es lo que intentaba reflejar Lazarsfeld en 1957 cuando hablaba de la existencia de una tradición clásica y de otra empírica y de la necesidad de encontrar puntos de encuentro entre ambas corrientes.

Retomando a los medios de comunicación, Lazarsfeld (en 1940) realizó un estudio sobre la influencia de los medios en las prácticas electorales. Fue el primer gran estudio sistemático sobre las claves de la formación y evolución de la conducta electoral. En la investigación se relacionaba la personalidad de los votantes, su formación y criterios y la influencia de los medios en la toma de decisiones.

Para Lazarsfeld la audiencia es pasiva e influenciable y el proceso de comunicación es emisor – líder de opinión – receptor.

Más que los medios, son los líderes de opinión los que pueden provocar cambios de actitud en el público.

En 1955, Lazarsfeld y Katz, en la publicación Personal Infuence, dan un valor limitado a la influencia de los medios. Es aquí donde construyen su teoría de doble flujo. En donde un grupo primario o grupo de liderazgo es determinante en la formación de opinión, ya que son quienes reciben y procesan la información de los medios al resto del público.

A su vez, Lasswell, inicia la investigación en las comunicaciones de masas aplicando la técnica de análisis de contenido, a la propaganda utilizada en la primera guerra mundial. Esta técnica analiza el mensaje donde intervienen los elementos del proceso de la comunicación (emisor – receptor). A partir de los años cuarenta el análisis de contenido adquiere un desarrollo importante por el interés que muestran ciertos organismos públicos y privados en conocer el impacto de los nuevos medios sobre el público. Se analizan los mensajes que difunden los medios, la propaganda, la publicidad y la cultura.

Como mencionamos anteriormente, a Lasswell su trabajo como investigador y publicista lo llevó hacia el análisis de la propaganda, en un período marcado por las tensiones mundiales de entreguerras y la preocupación de los efectos de las mediaciones periodísticas en la formación de la opinión pública.

Desde esta perspectiva política, estudió las relaciones entre persuasión y comunicación.

Lasswell describe a la comunicación como un acto que surge de la contestación a las siguientes preguntas: ¿Quién dice qué? ¿En qué canal? ¿A quién? ¿Con qué efecto? Refiriéndose a esto, ‘el quién’ es el comunicador (contemplan los factores que inician y guían el acto de la comunicación), el ‘dice qué’, es el análisis de contenido; el ‘a quién’ es la audiencia (cuando la preocupación primordial se centra en las personas a las que llegan los medios); ‘qué efecto’, es el análisis de efectos (impacto sobre las audiencias).

Los medios de comunicación se convierten en un elemento de equilibrio en la biología social, por lo que el conocimiento de las técnicas persuasivas y de información permitirían desplegar con eficacia las funciones inductivas sobre los individuos, creando pautas de conducta, actitudes y comportamientos.

Entre las funciones de la comunicación, Lasswell destaca la de vigilancia y control del entorno, la transmisión de los valores de identidad de una cultura, la cohesión social, etcétera. Entiende la persuasión informativa y la propaganda, no lejos de los ideales de Walter Lippmann, como la inducción de aquellos valores que permiten a los gestores de una sociedad conducir a sus ciudadanos hacia los mejores objetivos de progreso y libertad (Portal Infoamérica – 2002).

Conclusión

Retomando los distintos puntos de vista expuestos, tendríamos una sociedad que opina sobre determinados temas, en su generalidad controversiales, como le indican que opine o manipulada para opinar de determinada forma.

Por qué no pensar que cada quien tiene sus vivencias, verdades, ‘conformidad de lo que se dice con lo que se piensa’ y realidades que hacen que opine así.

La opinión pública, más allá de su definición como concepto o la ideología que presente en sí misma, ha sido, a lo largo de los años, uno de los instrumentos más importantes en la vida política y social del hombre, ya que a través de ella se ha podido dar a conocer las distintas opiniones y pensamientos de los entes que integran una sociedad.

Al tomar esa envergadura, las actividades de los distintos sectores políticos, las distintas instituciones, se van desarrollando, adoptando como punto de partida la opinión pública, entendida aquí como opinión del pueblo, es decir, lograr que las actividades políticas sean congruentes con la opinión de los ciudadanos para adquirir objetivos comunes.

La opinión pública se va formando a raíz de la puesta en común de la opinión individual de cada ciudadano. La misma se va integrando y estableciendo en cada persona, dependiendo de su cultura, sus vivencias, experiencias y contexto.

De esta manera, varía según cada quien, respecto del sector social al que cada cual pertenezca y la realidad que cada uno transite, y todo lo que conlleva esta comunión de sentidos y percepciones.

Este ensayo propone mirar a nuestro alrededor y denotar que hay más de una realidad y que todas ellas son expresadas a través de la opinión pública, a veces equivocadamente, otras acertada, otras con minorías a favor o en contra o con mayorías que aclaman por algo, alguna vez más escuchadas y otras no tanto, pero que así mismo afectan a la sociedad en su conjunto.

Escribir un comentario