LA OLLA DE GRILLOS DEL MAGISTERIO
Los dirigentes magisteriales Guadalupe Adolfo Salinas Garza, de la Sección 21 y José Luis López Rosas de la 50, ya manejan con toda naturalidad las nuevas tecnologías de comunicación, pues casi a diario se contactan con sus comités ejecutivos y estructuras sindicales. Sabemos que ambos líderes tienen reuniones virtuales son las autoridades del gobierno, de la Secretaria de Educación y con la dirigencia nacional del SNTE. Podríamos decir que de solo utilizar su teléfono celular para hacer llamadas telefónicas, ahora utilizan ese aparato como su oficina virtual. Ahora si que podemos decir que se hicieron realidad las caricaturas futurista de los “Supersónicos”, creada en los años sesentas, según wikipedia.
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Que tristeza da saber que existe gente muy mal agradecida en el mundo. Les comentaremos de dos hombres que se sirvieron de la clase sindical para encumbrarse y obtener posiciones políticas envidiables y a la postre convertirse en enemigos de ese gremio sindical, del cual obtuvieron recompensas que nunca merecieron. No mencionaremos sus nombres porque ensuciaríamos con ello este comentario que es una triste realidad. Uno de ellos lo eligieron para controlar las actividades sindicales desde la Secretaría de Educación, convirtiéndose, después de haber sido defensor del magisterio como Secretario General de la Secc. 21, en enemigo número uno de las acciones sindicales por medio de las “Regiones”, lesionando al magisterio que representó y que por lo visto sólo utilizó para beneficiarse de manera individual.
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El otro traidor ahora despacha desde la Benemérita y Centenaria, habiéndose convertido en aliado del gobierno “independiente”, dándole a conocer los flancos débiles sindicales y alentar a disidentes para romper la hegemonía sindical. Después de haberse convertido en Secretario General, traicionando y minimizando a su “hermano del alma”, también obtuvo, gracias a la dirigencia magisterial un puesto legislativo, pero al final pudo más su egolatría y ambición de poder, pervirtiéndose al convertirse en “asesor” del gobierno para golpear a la organización sindical que le dio todo lo que ahora es. Aquí, a unos pasos de donde esto escribo, se lamentó tristemente el extrañado Alfonso González Ruiz, por la ruindad de su “hermano de lucha”. Eso nadie me lo contó, lo viví al lado de mi madre, que es maestra.Ni idealistas, ni líderes, ni defensores, ni siquiera utópicos justicieros. Solo miseria moral, rescoldo ideológico. Solo ambición personal.
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Es sano contar estas historias a las nuevas generaciones de maestros para hacer conciencia de que no cualquier merolico que se presume líder, tiene ideales profundos y sed de servir a sus iguales y a la sociedad. Que sepan diferenciar a tiempo quien es un servidor de vocación y quien es un oportunista que sólo desea el poder para inflar su egolatría y aprovecharse de la ocasión en beneficio propio. Sin ser maestra, sé de lo que hablo, pues mi madre, es una verdadera enciclopedia actualizada y participante en la actividad sindical, aunque sea nada más como colaboradora, porque realmente ama su sindicato y el servicio social. Ella dice: “Si soy sindicalista, soy de Nueva Alianza, no tengo medias tintas”. Y eso lo respeto.
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Nuestro “villano favorito”, que nos da risa y entretenimiento su actuar, tan predecible, tan falto de creatividad, continúa como caricatura quijotesca en busca de materializar sus sueños guajiros de que lo tomen en cuenta para participar como candidato a algo, impulsado por las fuerzas electorales magisteriales. De este hombre se cuenta que en una protesta le gritaba al gobierno: “ nuestros hijos tienen hambre” y que sus propios compañeros, entre risas burlonas, se decían entre ellos, “pues déjales algo”, eso por la corpulencia que siempre lo ha distinguido. Pues nos cuentan que va en serio su cruzada por convertirse, a como dé lugar, en la estrella electoral que el magisterio estaba esperando para trascender. Nomás falta que tengamos que tragarnos nuestras palabras, y que los infiernillos con que asusta a la dirigencia, le den resultados. Pero como dicen “No tiene la culpa el indio…”
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Y “ay” la dejamos porque mi madre ya me grito tres veces para ver si ya pedí la comida por teléfono. Ella y My Orange half se ponen como Hulk cuando les pega el hambre.











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